A esta altura, después de haber leído, desmenuzado y analizado en
clase los distintos textos de esta unidad, resulta imposible pararse de la
misma manera frente a nuestra cotideaneidad. Algo cambió, algo TIENE que haber cambiado
en nuestro interior. Nuestra perspectiva de la realidad no puede ser la misma.
Y no lo es... Hoy resulta inconcebible pensar que las decisiones que se toman
(y que tomamos) en cualquier ámbito de nuestra vida no están atravesadas por
posicionamientos políticos, por intereses propios y ajenos. Resulta evidente
que de alguna manera todos somos actores, y a veces títeres, en esta historia.
Me estremece pensar que algunos pensamientos hegemónicos están incrustados en
nuestros huesos a tal punto que en un curso donde somos más de 30 mujeres y un
sólo compañero varón, NINGUNA de nosotras fue capaz de incluirse dentro
de la categoría de TRABAJADOR al ser consultadas sobre cuántas personas
trabajan en nuestra familia. "Y nos consideramos feministas!" dijo
una compañera.... Fue desolador y altamente movilizante el video en que los
niños indefectiblemente consideraban el bebote negro como malo, poco confiable
o feo y hacían "malabares" mentales para identificarse con el bebote
blanco cuando claramente ése no los representaba. Fue esclarecedor comparar
distintas teorías económicas y comprender cómo esas teorías aplicadas afectan
no sólo nuestra economía, sino nuestra "Voluntad de Vivir"... Y cómo
alrededor de estos pensamientos, teorías y conceptos se construyen mitos que
regulan nuestra vida cual verdades universales.
Pero como dije, "Algo" tiene que haber cambiado, y está
cambiando.
Nos toca vivir una época difícil, de cambio, de
"Revolución" de pensamiento, de posicionamiento social y político, de
lucha por igualdad de género, de derechos, de oportunidades...
Y aparecen publicidades que cuestionan el ideal de belleza o el
estereotipo femenino, que incluyen otras imágenes de familia, que muestran
parejas del mismo sexo, mujeres en roles tradicionalmente masculinos y hombres
realizando las tareas del hogar.
Y te encontrás con un post de un hombre negro que cuenta su
emoción al encontrar una curita de su color de piel.
Y ves "experimentos sociales" en que los niños
cuestionan y se posicionan frente al bullying, al trato diferente entre niños y
niñas o a la injusticia.
Y por un momento pensás que no todo está perdido, que vale la pena
seguir, que tenemos una enorme responsabilidad con las generaciones venideras
pero también con nosotros mismos. Porque como docentes debemos abrir los ojos, la mente y fundamentalmente,
el corazón para poder ponernos realmente en el lugar del otro y llegar a
comprender su realidad, su subjetividad, sus necesidades pero también sus
fortalezas, sus virtudes, su "capital cultural", que pueden no
ser los mismos que los nuestros, pero no por eso son menos válidos.
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