Wednesday, June 19, 2019

Sobre Políticas Públicas.

El texto de Graciela Frigerio y Gabriela Diker plantea la necesidad de analizar desde qué lógica se gesta una Política Pública, distinguiendo entre una lógica basada en la Eficiencia y otra en la Justicia. Mientras la primera "tiene una connotación de éxito ... a fin de poder adaptarse inteligentemente a las condiciones de un entorno contigente", es decir "basada en el cálculo de los medios y fines en función de la máxima utilidad", la segunda propone "una racionalidad orientada a la comprensión o entendimiento" y "obtiene su significación final en la capacidad que posee el habla argumentativa".
No parece ilógico pensar una política pública basada en la Eficiencia, después de todo, si una política es eficiente va a ser exitosa es decir, va a tener resultados positivos y visibles, va a "servir para algo". Además, las políticas públicas se llevan a cabo con el dinero de todos, por lo cual es de esperarse y hasta exigible, que sean eficientes, que no signifiquen un gasto desproporcionado. Al fin de cuentas, a nadie le gusta despilfarrar su dinero.
Pero como ya vimos, una política pública no nace solamente de una necesidad, sino que es el resultado de una puja por convertir una problemática o interés particular en una cuestión estatal y así incluirlo en la Agenda. Una puja en la que los diversos actores (Estado, Iglesia, Grupos sociales, Partidos, Sindicatos, Colectivos, Campo, etc.) disputan ese espacio movilizando recursos materiales y/o simbólicos y gana el que mejor mueve esos recursos, o el que más recursos mueve. Por lo tanto que una cuestión estatal se resuelva a través de una política pública ya no es el resultado de un análisis concienzudo de la situación y los recursos sino una cuestión de intereses, de ganancias y pérdidas.
Siempre pensé que administrar un país era como administrar una casa. Hay que evaluar necesidades y recursos para utilizarlos eficientemente. Y si la casa tiene deficiencias estructurales (se llueve el techo, hay grietas en las paredes, las cañerías pierden, se levantó el piso) uno tiene que pensar por dónde arrancar y discernir entre lo urgente y lo importante. Por lo general, si el presupuesto es escaso, uno termina "tapando agujeros", arreglando lo urgente y postergando lo importante.
Pero además hay que tener en cuenta a los ocupantes de esa casa. Entonces pienso en mi familia. Mientras mis hijos fueron chicos, resultaba más fácil decidir cuáles eran las necesidades a cubrir de cada quién: aquel necesita zapatos, este necesita un jean, la otra quiere plata para salir el fin de semana. En la medida que fueron creciendo, aparecieron sobre la mesa "sus" necesidades, lo que ellos "reclamaban" como importante o imprescindible para su existencia. Y entonces aparece la noción de Justicia: ¿es justo darle plata para salir a la mayor si el más chico necesita zapatos y el del medio un jean? Y aparece la movilización de recursos: la mayor argumenta que hace 2 meses que no sale, que es el cumple de una amiga, que aprobó todo en el colegio. El más chico, al que no le importa con qué zapatos va al colegio o a pasear, no dice nada. Y el del medio, que todavía no se fija en lo que usan los amigos o lo que está de moda, tampoco despotrica mientras lo dejemos ir a la casa de fulanito a jugar.
De igual manera pasa con el país. Por un lado está lo estructural, las necesidades visibles en todos los campos: educación, seguridad, justicia social, sumado a las cuestiones propias de cada sector, lo que cada sector ve como importante o imprescindible para su subsistencia. Y entonces surge la necesidad de administrar los recursos, de decidir sobre lo urgente o lo importante, de poner en marcha políticas globales, que vayan al meollo del asunto para solucionarlo de una vez por todas (o por lo menos lo intenten), o políticas focalizadas en la solución de lo urgente, en tapar agujeros. Y  surgen entonces los reclamos, las marchas, los paros, la movilización de los recursos simbólicos de cada uno de los actores. Y no nos olvidemos de los dispositivos de invisibilización, de "hacer de cuenta que no existe".
¿Y la Justicia donde queda en todo esto? ¿Quién aboga por los derechos de los que no patalean porque no saben expresar sus necesidades o porque no tienen los recursos efectivos y/o simbólicos para ejercer presión? ¿No se puede implementar una política pública que sea Justa y a la vez Eficiente? Deberíamos arbitrar los medios para que así sea.  inclusive necesario pensarlo desde esta dinámica: gestar una política pública Justa y arbitrar los medios para que resulte Eficiente. Pero es imposible realizar un camino inverso: una vez que el Aparato Estatal se decide por una política en aras de la Eficiencia difícilmente pueda darle una giro hacia la Justicia. Como Sociedad, tenemos que cambiar nuestra forma de pensar y traducirla en acciones. No es fácil. Los discursos aprendidos son difíciles de "desaprender".  La lógica de la Eficiencia está grabada en nuestro accionar. Quizás tendríamos que parar un poco la pelota y detenernos a pensar en qué es lo importante y a lo mejor veríamos otros horizontes, otros caminos, otras metas.
A modo de reflexión, acompaño este texto con un par de links. Uno en referencia a nuestro país: Ranking de las 10 mejores políticas públicas. Habrá que analizar mejores para quién.... Otro, del otro lado del mundo: Japón, y una visión muy particular sobre "lo importante". Que lo disfruten!

RANKING DE POLÍTICAS PÚBLICAS EN CIUDADES ARGENTINAS

LA ESTACIÓN DE JAPÓN QUE  SE MANTIENE ABIERTA POR UNA ESTUDIANTE

CIERRA LA ESTACIÓN DE JAPÓN

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