Thursday, September 12, 2019

Sobre la Educación como Derecho.

Hemos recorrido un largo camino desde que "... Ambrosio Millicay, mulato del maestro de campo Nieva y Castillo, fue penado con veinticinco azotes, que le fueron dados en la plaza pública por haberse descubierto que sabía leer y escribir”. (RAMOS,1911)

Resulta raro pensar que hace poco más de 200 años, alguien era azotado por hacer algo que hoy nos resulta natural y accesible a todo el mundo.

Sin embargo, no siempre fue así. La educación no siempre fue accesible a "todos", como tampoco el concepto de "todos" ha sido el mismo a lo largo de los tiempos.

Cuando después de la Revolución Francesa (1789) los Representantes del Pueblo Francés, constituidos en Asamblea Nacional, considerando que la ignorancia, el olvido o el menosprecio de los derechos del Hombre son las únicas causas de las calamidades públicas y de la corrupción de los Gobiernos, resolvieron exponer, en una Declaración solemne, los derechos naturales, inalienables y sagrados del Hombre, se referían exclusivamente a los representantes del sexo masculino, blancos y libres. No hace referencia a LA HUMANIDAD, no incluye a la mujer, los esclavos, los niños....

A pesar de esto, fue un comienzo.  Las revoluciones que se sucedieron en el resto del mundo, las guerras por la independencia en América, la constitución de los Estados Nación, requirió de un cambio de paradigma. Y la educación, su intención y su fin, fueron un instrumento fundamental para la construcción de esa nueva idea de SER NACIONAL, PATRIOTA y CIUDADANO.

La educación fue entonces la herramienta y el medio para la homogeneización de la población, que se realizó a través de la imposición de un derecho y, a la vez, a la negación de un pasado, de una cultura, de los propios intereses de los educandos. Según palabras Gabriel Kessler, citado por Pablo Pineau "... en la escuela, el mandato hacia el otro - nativo, inmigrante, aborigen, jóvenes, trabajadores- era: “Vení a la escuela, acá está, este es tu pupitre, este tu libro de lectura, acá está tu maestro formado, en este lugar te vamos a enseñar a leer y a escribir, para que seas un ciudadano, para que progreses, mejores y decidas los destinos del país, pero para eso debes dejar de lado todo lo que sos afuera de la escuela, tenés que someterte a la operación de extirpación de todas tus marcas sociales y culturales”.*

Con el paso de los años, y de la historia política de nuestro país, la última dictadura militar se dedicó a desmantelar la estructura educativa de la nación, desvalorizando las instituciones y el discurso educativo y estableciendo las bases que permitieron o llevaron al establecimiento del neoliberalismo en la década del 90.

Este recorrido llevó a que los derechos ya no sean considerados como bien social "... para volverse una propiedad personal limitada a pocos, y se impone un imaginario social que considera que los derechos más “individuales” – como la propiedad y la seguridad- son prioritarios a derechos colectivos como la educación y la salud". 

Sumado a esto, la diferenciación de las distintas clases sociales como resultado de la ideología de mercado, llevó a que las problemáticas sociales como la pobreza o el desempleo pasaran a ser entendidas como problemas individuales que llevaron a la culpabilización de las víctimas, como si se tratara de su responsabilidad personal y no como resultado del modelo económico y social. 
Esto redunda en que el problema sean los pobres, los desocupados o los delincuentes y no la pobreza, la desocupación o la delincuencia. 

Se diferencian entonces dos circuitos: el del niño, adolescente o joven "normal", que recorre su trayectoria educativa en el marco institucional de la escuela, y el del "menor", una nueva concepción judicializada de la infancia/adolescencia que entiende al otro como marginal, peligroso o en riesgo y lo lleva a realizar una trayectoria muy diferente, en instituciones que están muy lejos de la escuela y de las que muchas veces sale en condiciones peores de aquellas en las que ingresó.

Hoy, la educación tiene una nueva función: la de proveer a los niños, adolescentes y jóvenes con los conocimientos materiales, las herramientas y palabras que los preparen para hacer frente a esta realidad, la de generar espacios de inclusión, basados en una confianza habilitante, ese "vamos, vos podés" que infunde nuevas fuerzas en aquel que estaba a punto de abandonar, pero no dicho desde la costumbre, sino desde la creencia real en las posibilidades y habilidades del otro. 

Quizás sea casualidad que me encuentre analizando el texto de Pablo Pineau justo en el Día del Maestro, fecha en que los mensajes, saludos y reflexiones sobre la docencia cobran una dimensión más significativa. 

Siempre creí que la función del docente va mucho más allá de enseñar contenidos. Es abrir caminos, prodigar abrazos, establecer vínculos, generar curiosidad, facilitar experiencias....
Es hermoso y aterrador a la vez porque  implica una enorme responsabilidad: lo que uno dice y hace puede marcar la diferencia en la vida de nuestros alumnos. Entonces corremos dos riesgos: el de amedrentarnos frente al desafío y el de sentirnos más importantes que nuestra función.

Por eso, en este día, me parece fundamental que recordemos que todos tenemos algo que enseñar y mucho que aprender, que todos somos, de alguna manera, alumno y maestro.






* Pineau, Pablo. La educación como derecho, 2008. Movimiento de Educación Popular y Promoción Social. Fe y Alegría de Argentina.



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