Muchas veces se ha debatido, y aún se debate, acerca de la Educación y la calidad educativa de hoy en día. Pero si uno se pone a pensarlo detenidamente, ¿qué es lo que entendemos por 'calidad educativa'? Entonces nos damos cuenta de que el concepto varía bastante de persona a persona y según los ámbitos e ideologías. Para algunos, el correcto aprendizaje de ciertos contenidos y saberes se considera un indicador de una 'buena educación de calidad'. En cambio, para otros, calidad educativa implica una educación completa con otros contenidos y quizás hasta otros métodos no tan tradicionales. Incluso aquello que se considera 'saberes culturales necesarios' varía de una persona a otra. No todos opinan que tal o cual contenido es necesario enseñar en la escuela.
Tampoco es posible medir dicha 'calidad educativa' con la misma vara. Como Areco, el docente presentado en el artículo Respuestas Insólitas en una prueba de cultura general en Derecho (La Nación, Mayo 2004), hay quienes se asombrarán o decepcionarán ante los resultados de una evaluación de cultura general tomada a alumnos en la Universidad, y consideran aquello como indicador de (o falla en) calidad educativa. Si consideramos que, en ese caso particular, fue una prueba tomada sin previo aviso y con contenidos seleccionados arbitrariamente por dicho docente, los cuales no son directamente relevantes a la carrera en cuestión... ¿son esos resultados un indicador válido? ¿O son tan solo uno de los muchos factores que afectan dicha calidad educativa? Depende, además, de la intención y finalidad que se le dé a dicha evaluación; en el caso de ser una simple herramienta para poder planificar mejor sus clases según el nivel de conocimientos de los alumnos, esa prueba podría ser útil. En cambio, no fue esta la intención de Areco, para quien el hecho de que sus alumnos fallaran la mayoría de las preguntas 'de cultura general' elaboradas por él mismo es señal de que la educación está en crisis y que esos chicos son víctimas. Si bien esto puede ser cierto, también pienso que debería considerarse "qué" es lo que ese docente entiende por "cultura general" y si coincide con otros docentes, con los alumnos... a fin de cuentas, ¿quién decide lo que es y lo que no es "cultura general"?
La dificultad al definir "qué es cultura y qué no" de forma uniforme es lo que complica el establecer pruebas estandarizadas para medir el nivel general de conocimiento sobre cultura; se corre el riesgo de obtener resultados no muy precisos, o de dejar de lado muchos otros saberes que también pueden ser parte de la cultura general. Sin embargo, también se corre otro riesgo; el de "no querer pensar para nada" en calidad educativa, por el miedo a ser tomado automáticamente como alguien de postura neo-liberal. Es así como se llega a ver dos perspectivas muy diferentes a la hora de hablar de calidad educativa: una visión elitista, y una visión de demanda democratizadora.
Bajo una mirada "elitista", la educación es más bien técnica, de medición. Se valora el "cuánto" sabe uno (resultados estandarizados), y se comparan así escuelas. Los alumnos son "consumidores" en una escuela "de mercado", donde se impulsa y fomenta la competencia para superarse y triunfar. Podría decirse que el profesor Areco, en el artículo antes mencionado, compartiría esta visión dado que solo se ha enfocado en los resultados de una prueba cuyo contenido a evaluar no solo no fue avisado sino que, además, fue seleccionado a capricho del docente; contenidos que, quizás, otros no consideren de igual importancia.
Bajo una mirada de demanda democratizadora, en cambio, la educación conlleva una política histórica, se valora la finalidad de lo enseñado, el "para qué". Se van acompañando diferentes formas de escolarización y abordando de varios modos.
Para Filmus (quien ha compilado varios artículos relevantes en "Los condicionantes en la calidad educativa"), las concepciones tecnocráticas, economicistas y conservadoras vaciaron de sentido conceptos como calidad, descentralización, autonomía. Sugiere entonces resignificarlos a partir de la "demanda democratizadora" de la comunidad educativa, ligada al mejoramiento de las condiciones del proceso educativo, recuperando así los sentidos que algunos de estos conceptos tenían en la transición democrática de los años 80, después del efecto devastador de la dictadura militar sobre el sistema educativo. Cuestionar la gestión municipal de las escuelas (frecuentemente acompañada por medidas de ajuste estatal y aumento de las desigualdades educativas), o bien el rescate del concepto de calidad vinculado al principio de igualdad de oportunidades son tomas de posición frente a algunas de las polémicas actuales en el escenario político nacional y de la ciudad de Buenos Aires.
"Existe consenso en que el deterioro de la calidad de la educación es uno de los aspectos más graves de la actual crisis educativa. Este consenso es menor cuando se trata de analizar cuáles son las causas de este deterioro y disminuye más aún a la hora de contrastar las diferentes estrategias que se proponen para elevar la calidad de la educación." || Daniel Filmus, "Los condicionantes en la calidad educativa" - 1997, Editorial Novedades Educativas.
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