Friday, May 24, 2019

Sobre Pobres, Marginales y Excluídos



Después de leer el texto de Patricia Redondo, extraído del libro Escuelas y Pobreza: entre el desasosiego y la obstinación, me enfrento, una vez más, a sentimientos encontrados. Por un lado, enfocándome en la primera parte del texto en la que se hace una revisión de las distintas teorías económicas que rigen mayoritariamente nuestra mundo, se me ocurre pensar que ni todo lo que reluce es oro ni el perro es tan fiero como lo pintan. Quiero decir, que ninguna de las teorías analizadas me parece ni la causa de todos nuestros males, ni la solución a todos nuestros problemas.

Leyendo los fundamentos del Liberalismo, no me resulta descabellado pensar que a mayor producción, mayor beneficio para todos. Tampoco me parece ajena la idea de "egoísmo" en el sentido planteado por Smith: si en lugar de "ayudar" a través de un acto caritativo el empresario exitoso reinvierte en su negocio,  crecerá y podrá generar más puestos de trabajo en los que aquellos que solicitaban su beneficencia podrán integrarse al circuito productivo. Smith también considera necesaria la intervención del Estado, a fin de "hacerse cargo de aquellos que se hallen en la miseria" (Redondo, 2004:44).

El pensamiento Marxista, por otro lado, entiende que existe correspondencia entre pobreza y riqueza, que "la acumulación de capital corresponde a una acumulación igual de miseria"(Marx, 1975-1982, tomo I:149), que la pobreza es una creación de la sociedad y no fruto de decisiones individuales y concibe la idea de "pauperización progresiva" con lo que él denomina el "ejército industrial de reserva", esa fuerza trabajadora requerida en épocas de mucha producción y que es desvinculada del circuito productivo en épocas de crisis y el "lumpeproletariado", "el peso muerto del ejército industrial" (Marx, 1977:802), "clase peligrosa, expulsada del trabajo industrial y a la cual no se podía alinear junto a la clase obrera" (Redondo, 2004:48)

Los postulados Keynesianos aparecen como una especie de "justo medio", un "liberalismo" con intervención del estado para atender a los sectores más pobres. En ese sentido,  Keynes entiende que el Estado puede y debe garantizar y/o generar los medios de producción cuando no existe el pleno empleo. Aparece entonces un Estado intervencionista y asistencialista, encargado de distribuir los recursos y generar equidad.

Como dije al principio, todas estas teorías tienen "algo" que las hace creíbles, factibles. Todas y cada una de ellas emergieron en un momento particular de la historia que las hizo de alguna manera, necesarias o posibles.
Particularmente, no creo que ninguna sea "mala" en sí misma. Creo que una cosa es la Teoría y otra la Práctica. Y es en la Práctica, cuando el Hombre o las Instituciones fallan y se desvirtúan los cimientos mismos de aquellos pensamientos sobre los que, paradójicamente, dicen asentarse.

Adosada a estos conceptos teóricos, aparece también una determinada idea de pobreza. Un concepto que, como todos me atrevería a decir, es forjado en el día a día, acuñado y modificado por variables históricas, culturales, sociales, políticas y económicas. La idea de "pobreza" no es la misma a principios del siglo XX que en las primeras décadas del siglo XXI, o la visión de pobreza desde la teoría económica que desde la visión religiosa.  Ni siquiera es la misma para distintas religiones: mientras que en los tiempos cercanos a la revolución industrial las grandes religiones (catolicismo, judaísmo, budismo, islamismo) veían en la pobreza un valor edificante, un símbolo de humildad que los acercaba Dios, para los puritanos, por el contrario, era un signo evidente de que el favor de Dios no estaba con ellos y que debían "trabajar" para lograr la "salvación".

Con los sucesivos cambios sociales, culturales, políticos y económicos, la pobreza se vio asociada a otros términos "indeseables", ligados no solo a la falta de recursos económicos sino, fundamentalmente, morales. Así, ser pobre se convirtió en sinónimo de inmoral, indecente, ilegal, peligroso. Un ser que no puede ser incorporado a la sociedad, que vive en la marginalidad (y ahí debe quedarse). Incorregible, inadaptado, incapaz de convivir sanamente. Y entonces, encaramados en nuestra "civilizada superioridad", distinguimos entre el pobre que es pobre porque se quedó sin trabajo, o tiene alguna incapacidad, merecedor de nuestra compasión y apoyo, y aquel que nunca va a cambiar, que no quiere trabajar, que vive de planes, que espera que le den trabajo por su linda cara.

Meditando sobre esto último, me viene a la mente un texto que trabajamos en Psicología el año pasado, de Mariano Narodowski.  Allí, el autor distingue entre infancia hiperrealizada e infancia desrealizada, siendo la primera una infancia que domina la tecnología, sujeta a los ritmos vertiginosos del mundo moderno y la segunda, una infancia de "analfabetos virtuales", niños que no estudian sino que trabajan, que viven en la calle y son "autosuficientes", "niños que no son niños", no presentan las "características" típicas de los niños y por lo tanto no generan en el otro sentimientos de protección y ternura. Niños "incorregibles", que no responden a nadie, desenchufados de la escuela y la familia que no logran contenerlos y cuando lo logran, no saben muy bien qué hacer con ellos.
Cualquier parecido con la evolución del concepto de pobreza, es pura coincidencia.

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