Monday, May 13, 2019

Hablando de Mitos...


Un mito es, en primera instancia, un relato, una historia que siempre tiene una función: transmitir un conocimiento, explicar algo que está mas allá de nuestra comprensión; y una intencionalidad que lo liga a las estructuras de poder, en tanto se los usa para ordenar, guiar, "encausar" el funcionamiento de la sociedad. Los antiguos griegos, por ejemplo,  se valían de ellos para explicar los fenómenos naturales que escapaban a sus conocimientos, pero  cuando un sacerdote comunicaba al pueblo la palabra de los dioses, más allá del mensaje propiamente dicho, se ponía de manifiesto cierta "jerarquía social": los que tenían el conocimiento, un conocimiento vedado al pueblo, eran aquellos que se podían comunicar con la divinidad y hacer de "puente" para transmitir sus recados, mientras que el pueblo, ignorante, quedaba a merced de los designios divinos, y de la traducción de los mensajeros.

Los mitos, como relatos que dotan de sentido alguna realidad humana importante, están presentes en todos los tiempos, atados a una configuración histórica, social y cultural que, por un lado les provee las bases sobre las que asentarse y por el otro exigen su justificación: no buscan explicación sino comprobación. Para ello, necesitan circular y por eso, contienen algo de verdad, una verdad en la que se basan y a la vez, los confirman. El "sentido común" es, por ende,  terreno fértil para que los mitos prosperen, porque una vez que se encuentra un caso que los confirme, se generalizan y validan. De ahí a la naturalización hay un solo paso.  

Según Roland Barthes, "el mito es un habla", un habla en el sentido que circula y transmite un mensaje. El vehículo para ese habla puede ser el relato, escrito u oral,  pero también una imagen, un video, un libro, etc. 

Si determinado signo mítico nos resulta indiferente o inverosímil, es porque ese mito no es para nosotros. Y no es que nos encontremos en un estado de análisis superior que nos permite ver los hilos ocultos tras la marioneta del mito, porque seguramente estamos creyendo otro, sino que no somos los "lectores" a quienes estaba dirigido.

Una imagen que siempre me chocó es la del candidato de turno cargando y besando criaturas,  una imagen común a todos los candidatos del mundo, de cualquier color y facción política y no por eso más creíble. Se me hace tan falsa como la secuencia que se ve en más de una película yanqui del Presidente de EEUU leyendo en una biblioteca a un montón de chicos que lo escuchan atentamente. No me va, no me cierra de ninguna manera. ¡Cómo si no fuera un acto político más, apuntado en su agenda por alguno de sus asesores en pos de ganarse la simpatía o el voto de la gente!

Los mitos se hacen presentes en todas las esferas de nuestra vida. Y así escuchamos que "todas las minas son unas histéricas", "todo tiempo pasado fue mejor", "estas cosas antes no pasaban", "la juventud de ahora está perdida" y etc., etc., etc. Y cómo ya dijimos, basta con encontrar un ejemplo para confirmar la regla: si conozco una mina histérica, fácilmente puedo inferir que "toooodas las minas son histéricas". Para muestra basta un botón, dicen. 

Mientras escribo estas líneas, se me ocurre pensar que el mito apunta de alguna manera a influenciar sobre el inconsciente colectivo; y con la facilidad y rapidez con que circula actualmente la información gracias a las redes sociales, el impacto es casi inmediato. 

Hoy en día, una de las áreas atractivas para la proliferación de mitos es la del cuidado del medio ambiente. 

La semana pasada estaba en la puerta de casa con mis hijos, esperando que una de las chicas tome el colectivo. En eso aparece una abeja y alguien, instintivamente, la espanta. Entonces una de mis hijas dice "¡¡dejala, pobre!!, a lo que yo agrego "¿no sabés que si se extinguen las abejas en poco tiempo se acaba la vida sobre la tierra?", teoría a la que accedí a través de distintas publicaciones de organizaciones protectoras del medio ambiente en Facebook y que se atribuye a Albert Einstein, "Las abejas cumplen un papel esencial en el ciclo de la vida, polinizan innumerables plantas y flores,  sin plantas no hay alimentos para los animales herbívoros ni para quienes se alimentan de ellos", sigo diciendo, palabras más, palabras menos. 

http://antesdeeva.com/lo-pasaria-las-abejas-se-extinguieran/

A lo que mi hijo contesta: "Mamá, ¿cómo te vas a creer eso? ¿no ves que son cosas que dicen para tener a la gente ocupada, distraída de lo que está pasando en el mundo? ¿Cómo se va a acabar la vida si se extinguen las abejas? ¿no sabés que existen millones de insectos, aves, mamíferos inclusive, que participan del proceso de polinización? ¿Sabías que el murciélago también contribuye a que las especies vegetales se propaguen?"
Me quedé muda. Dejando de lado que no soy quien para contradecir a Einstein, no me pareció para nada improbable lo que mi hijo decía. Después de todo, ¿cuántas veces hemos sido víctimas de la manipulación de los medios?, ¿cuántas veces nos habrán distraído con alguna noticia de Maradona mientras el país sufría alguna de las tantas crisis que supimos conseguir?
Honestamente, no se me ocurre pensar qué intereses creados puede haber detrás de la preocupación por las abejas, pero no pude dejar de notar que durante el reciente incendio de la catedral de Notre Dame la situación de las abejas que habitaban en su techo fue tema de interés mundial.

https://sostenibilidad.semana.com/actualidad/articulo/abejas-las-otras-victimas-del-incendio-de-notre-dame/43820

https://elpais.com/elpais/2019/04/20/mundo_animal/1555767543_881870.html


¿Estaremos frente a un mito de proporciones bíblicas? Sólo el tiempo lo dirá...

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