Saturday, September 7, 2019

Sobre el Taller de Educación Sexual Integral

Si bien la Educación Sexual Integral está respaldada por la Ley 26.150 promulgada el 23 de octubre de 2006 que en su Artículo 1° establece que  "Todos los educandos tienen derecho a recibir educación sexual integral en los establecimientos educativos públicos, de gestión estatal y privada de las jurisdicciones nacional, provincial, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y municipal. A los efectos de esta ley, entiéndase como educación sexual integral la que articula aspectos biológicos, psicológicos, sociales, afectivos y éticos", dista mucho de ser una realidad.

Y esto se debe a que como individuos y como sociedad no todos evolucionamos al mismo ritmo y en la misma dirección. Cada cambio, cada paso en nuestro proceso de maduración va acompañado de marchas y contramarchas, de conquistas y pérdidas, de luchas y resignaciones.

Lo que hoy parece evidente, lógico, natural, no lo era hace 20, 30 o 40 años. Y las generaciones adultas tenemos que "reaprender" un montón de conceptos que en su momento se nos enseñaron como "verdades universales". Sin contar, además, que el ritmo de los cambios que nos han tocado vivir en  estas últimas décadas es realmente vertiginoso.

Reaprender, reacomodarse, rediseñar un proyecto educativo no es tarea fácil. Más allá de los intereses creados, de la desinformación, de la "incomodidad" que generan "ciertos temas", está la seguridad que nos provee el "status quo": estamos bien así, mejor no cambiemos nada, de eso no se habla, mejor dejar que cada familia lo maneje según lo crea conveniente. Intentar un cambio de rumbo, es un verdadero desafío. Encontrar el camino correcto, es otro. Porque la sexualidad todavía nos genera vergüenza, hay cosas de las que no se hablan. Y nos escondemos detrás de enfoques tradicionales o moralistas, que entienden que la sexualidad se reduce al "coito heterosexual", a lo que "está bien o está mal", de acuerdo con prescripciones morales ya definidas y consideradas universales. O detrás de un enfoque biologicista, que pone toda su atención en la función reproductiva, reduciendo la sexualidad a la genitalidad. O el modelo médico, que pone el foco en los "efectos no deseados" de la sexualidad: las enfermedades de transmisión sexual y los embarazos no deseados, centrándose en las "amenazas y peligros" de ejercer libremente la sexualidad. Otra manera de "escudarnos" es enfocarnos en el modelo "judicializante", que encara la educación en la sexualidad desde los sistemas judiciales, enfatizando la situación de violación de derechos de niños, niñas y jóvenes en su infancia y adolescencia. Propone una sólida formación en derechos humanos, pero que si se limita solamente a esto, puede generar una visión amenazante de la sexualidad.

Ninguno de estos enfoques promueve una visión amplia y abierta de la sexualidad. Todos ponen énfasis en un solo aspecto, dejando afuera otros. Y todos tienen algo en común: evitan la perspectiva de género y ni se acercan a explorar la idea de "placer".

El enfoque de género, por otro lado, se inspira en las demandas de los organismos de derechos humanos y de todo un sector de la sociedad que históricamente ha visto vulnerados esos derechos: mujeres y movimientos LGTTBIQ (lesbianas, gays, travestis, transexuales, bisexuales, intersexuales y queer),  poniendo énfasis en el cuidado y disfrute del propio cuerpo, evidenciando las relaciones sociales que los atraviesan y visibilizando cómo esas relaciones están fuertemente condicionadas no solo por el sector socio-económico y educativo, sino también por las costumbres y valores del grupo de pertenencia y por las relaciones de género.

La perspectiva de género no es algo nuevo. Ya en 1791 Olympe de Gouges escribió la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, en clara alusión a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, texto resultante de la Revolución Francesa de 1789. En él, Olympe de Gouges propone la igualdad de derechos del hombre y la mujer. Ninguno de los textos fundamentales previos a la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 (la Declaración de los Derechos de Virginia y la Constitución de los Estados Unidos de América en 1776 o la ya mencionada Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano) consideró a las mujeres.

La permanente exclusión de la mujer en los hechos fundamentales de la historia de la humanidad es algo que tenemos tan naturalizado que nos sorprendemos al enterarnos, por ejemplo, que existió una "Madre de la Patria" que, además, era negra. Efectivamente, María Remedios del Valle, combatió bajo las órdenes del General Belgrano, quien la nombró Capitana. Sin embargo, una vez lograda la Independencia, fue olvidada, como tantos otros patriotas, y murió en la pobreza.
https://www.elhistoriador.com.ar/maria-remedios-del-valle/

La educación, formal e informal, ha jugado un papel fundamental en la naturalización de estos "olvidos" y de otras tantas prácticas cotidianas: las nenas no corren, las nenas se sientan con las piernas juntas, los nenes no lloran, etc, etc, etc.
Y lo tenemos tan interiorizado, que ni nos damos cuenta....

Creo, sin embargo, que ya no hay vuelta atrás. Hay un movimiento que comenzó a visibilizar estas situaciones y que no va a parar. Los jóvenes tienen otra mentalidad, otra visión. Y los adultos tenemos que desestructurarnos y acompañarlos, o seguirlos....Una vez más, no es fácil. Muchas veces charlo con mis hijos sobre "la vida".... pensamos tan diferente, vemos las cosas tan distintas....y pareciera que siempre es uno el que "tiene que entender", se nos cuestiona, se nos exige y no se tiene en cuenta que el mundo en el que estamos viviendo no es el mismo en el que crecimos: con el manual Kapeluz (que me compraban a mí por ser la mayor y que luego usaban mis hermanos 3 años seguidos, porque las "cosas no cambian") me enseñaron que el agua es un recurso "inagotable" porque el planeta tierra está formado 70% por agua, que las neuronas no se reproducen, existían Rusia y el Muro de Berlín, el petróleo era otro recurso natural inagotable....

El mundo cambió y siguió rodando... Nosotros también cambiamos y seguimos. Sólo que a veces me gustaría que todos pudiéramos conversar, dialogar, entendernos o, por lo menos, respetarnos. Para que los derechos se conquisten como algo natural y no por la confrontación violenta de dos realidades tan distintas que no pueden convivir.

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