Tuesday, April 23, 2019

Introducción

Mi nombre es María de las Nieves, tengo 32 años, y soy soltera.

Siempre me consideré una persona más bien artística, dada a la música, dibujo, artesanías, etc. Pero también siempre, desde niña, me interesaron los idiomas. Como hija de una profesora de Historia (entre otros de sus tantos títulos), crecí rodeada de libros de todo tipo en mi casa. En una época donde no había nada de smartphones, computadoras (apenas empezaban a salir acá!), consolas de videojuegos eran costosas, y el concepto de una realidad virtual era muy lejano aún, yo vivía leyendo libros. Cuentos y leyendas, mitologías, eran mis favoritos. Devoraba lo que encontrara en los estantes de mi madre. A todos los decía que al crecer sería paleontóloga y astronauta; si, ambas a la vez! Porque me fascinaba tanto el pasado, como lo que el futuro y la exploración espacial podrían traer. Algo ambicioso, no? Tanto leer, me impulsó a escribir. Con 10 años, ya escribía historias de fantasía o basadas en películas que me gustaran. Y entre tantos libros... había algunos en otros idiomas. Una antología totalmente en Inglés, otra en Francés... Quería saber qué decían. Me empezaron a atraer los idiomas, porque eran como herramientas que me permitían hablar con otras personas, fuera de mi ámbito cercano. Me permitirían leer esos libros que no entendía. Pero eso quedó como un gusto personal, y nunca más le di atención. Terminé la secundaria y empecé a estudiar Ingeniería en Sistemas, creyendo que como siempre fui buena con cosas de computación y me interesaba eso, sería lo ideal para mi. Un año después, descubrí que no lo era; que si bien era buena alumna, no tenía interés ni era lo que me veía haciendo luego. Lo dejé, y perseguí algo más "artístico" pero con cierta disciplina. Empecé a estudiar Diseño Gráfico junto a una amiga. No me arrepiento, porque aprendí muchas cosas útiles, saberes que sirven y son aplicables en miles de otras disciplinas igual. Pero de nuevo, no era lo mío. Empecé, cursé dos años, dejé, retomé... en medio de tantos otros problemas personales y tragedias. A todo esto, como forma de sostener mis gastos, yo ya daba clases de Inglés particular. Siempre fue alumna avanzada en la escuela en esa materia, me gustaba mucho y me alegraba cuando mis alumnos me decían que gracias a mi habían comprendido mejor. Fue entonces cuando comencé a plantearme si no era eso, después de todo, lo que realmente quería hacer. Disfrutaba (y disfruto!) enseñando a otros, especialmente algo que yo misma encuentro fascinante. Siendo hija y nieta! de maestros, incluso mi tía lo es... estaba ya empapada en el tema. Tras varios traspiés, finalmente lo hice. Y aquí estoy,en tercer año ya! Si bien es difícil a veces, no dejo de tener el entusiasmo, la chispa, que hace que quiera seguir adelante. Porque ES lo que me gusta y quiero hacer.
Sin embargo, con todo y entusiasmo, también empecé a abrirme más a otra gente, algunos con idea similares y otros bastante diferentes. Los mismos profesores de primer año, en mi opinión, me hicieron darme cuenta de lo que realmente implica ser docente. De cuántas otras cosas, otros factores, hay involucrados en el "arte de enseñar".  Y es que quienes enseñan y quienes van a aprender, todos somos parte de una sociedad, con su cultura, sus normas, valores, ideales... y eso influye mucho. A veces no nos damos cuenta, simplificamos las cosas por ver solo lo cercano que nos rodea. De a poco estos años fui abriendo la cabeza, comprendiendo mejor y con una visión, una perspectiva, más amplia. 'Escuela' la hacemos todos, tanto docentes, alumnos, directivos, y todo lo que es cada sociedad en particular. Hace falta comprender cada integrante por separado, y como un todo también. De otra forma nos quedamos con una visión muy cerrada.

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